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viernes, 6 de marzo de 2015

Dicen que  vuela por el cielo una estrella 
que vendió su alma a un diablo poeta. 
Dicen que a cambio tan solo pedía 
que la luna llena brillara para ella. 
 
Alivia ese dolor o quítame la vida 
con tu boca, o quítame ta vida. 
Déjame ver el color o quítame la vida 
de tus ojos, o quítame la vida. 

Dicen que existe un amargo veneno, 
con sabor a limón y que huele a centeno. 
Dicen los sabios que ese fue el secreto 
que perdió a la estrella detrás de algún cometa. 

Cuenta la historia que la luna llena 
pasó mucho tiempo brillando para ella. 
Y loca la estrella pasaba las noches 
bailando en las nubes con el diablo poeta.
 Letra de 'Quítame La Vida' de Jarabe De Palo

 

Luna creciente, luna llena, luna menguante


 Te desnudas con gesto amable, descuidado, estudiado, repetido. Me ofreces lo que crees que para mí es un regalo. Regalo, pesada carga, intercambio de favores. Buscaba algo más que tu cuerpo. Más, algo más, mucho más, un poco más. Sin saber, sin quererlo, formo parte de tus planes de pasado. Rebusco entre los restos del naufragio. Me alimento de las sobras de otras mesas. Comidas que otros despreciaron. A veces resulta suficiente.  Pan para hoy, y mañana ya veremos.

  Amanece luminosa la mañana tras la fresca. Cálida, húmeda y larga fue la noche. Las telarañas de las ensoñaciones nos piden a gritos un receso. Los rayos hieren nuestros ojos, los recuerdos nuestra alma, la verdad nuestra mente, las caricias nuestros cuerpos. Lavamos con agua negra nuestra falta de sueño. 
Apenas nadie por la calle. Ni ahora, ni luego, ni siempre. 
Huele a mierda en la comarca. 
A humo en alguna casa. 


    Querido lector. Suelo olvidarme de los aniversarios pero, aunque tarde, a mi manera, los celebro. Poco más tengo que decir. Por hoy es suficiente. 
Como ves sigo aquí, incansable, recordando. Esperándote.



martes, 16 de diciembre de 2014

DE SANTOS Y HÉROES




A un señor le cortaron la cabeza, pero como después estalló una huelga y no
pudieron enterrarlo, este señor tuvo que seguir viviendo sin cabeza y
arreglárselas bien o mal.
 
                   de  ‘ Acefalia’  cuento de Julio Cortázar.




   Así me sentía yo cuando una voz al otro lado del hilo me dejaba a mi suerte con una bolsa de planes que murieron aun antes de nacer. Es posible que aquellos días fuesen para mí de los más angustiosos que me tocó vivir. Eso da una idea de la simplicidad de mis aspiraciones de la época y de mi bisoñez congénita, que queriendo volar sin siquiera saber andar derecho, me hizo meterme en sábanas prestadas. Más tarde la vida me regalaría situaciones mucho más serias – por lo trascendentes – y también otras de más agrado para las cuales, y sin yo saberlo, ya me había preparado durante ese período de orfandad simulada y amputación sentimental.

   Así la perra vida que vivimos nos va preparando para la siguiente etapa. A base de resbalones y porrascazos se nos endurece la piel  y el alma y se nos ablanda la mollera  y, lo que ayer era una tragedia de dimensiones épicas, hoy no es más que una puerta que se abre dando paso a infinitas libertades. Es por eso que al repetirse situaciones ya vividas en idénticos lugares y similares calendas, al final  aquella lección la di por aprendida. Tuvieron que pasar muchos los meses para que así fuese, pero aunque tarde, también a esto le llegó su hora.
     Gané en consecuencia unos lugares, sitios reales, reales jardines, callejuelas, tabernas y bares, barrios ilustres y barrios ilustrados, gente y gentes, soledad y bullicio, historias más vividas que contadas; lo que viene siendo una ciudad. Regué mi propia huerta y obtuve frutos, dulces unos, amargos otros; míos todos. Gané también una familia, reprochable como todas, para ayudarnos a crecer y llamarnos sin tapujos ( ‘mucho miedo y muy poca vergüenza es lo que hay’, diría mi madre ) ni escondrijos. Sin secuestros ni prohibiciones absurdas más allá de la infancia; pues para algo se creó el libre albedrío y la libertad de cada uno digan lo que digan los papeles de los juzgados. Gané todo eso y mucho más. Porque entre tanto que gané recuperé lo más preciado: a mí mismo, el verdadero héroe de mi historia y de mi vida.
    Perder, lo que se dice perder, también alguna cosa - en todas las guerras se producen bajas -   pero poco. Los santos, pocos han sido de mi devoción. Sus huesos mucho menos – con lo que a mí me empalaga el dulce ! - . De vinos y barros, los que no quise son los únicos que no he bebido; pues nunca necesité a nadie para traerme el vaso a la boca y eso que pocas veces faltó con quien hacerlo. Agua, agua bebo poca pues no me gusta demasiado habiendo otros caldos, y a lo mejor es por eso que dejo que corra no sea que me ahogue. Las capitales castellanas, que se sepa no se han movido del sitio y algunas sí es cierto que hace infinito que no frecuento, pero porque no quiero no porque no me lleven; que siempre he ido donde me ha dado gana.  Y si de joven no quise cariños pendejos, no los voy a perseguir ahora que ya voy tirando pa viejo. Perder como digo, poco he perdido; el tiempo si acaso, aunque bien empleado gran parte como se ha ido sabiendo después y voy diciendo ahora. La paciencia y las ganas de hacer tonterías – y lógicamente la intención de aguantarlas- , de esas de no querer llamar al pan, pan, y al que vino, porque vino; esas sí que se han acabado. 
De lo demás, si lo he perdido no me acuerdo.



     Apreciado y quizá ausente lector: acostumbrado como estás a mi escasez de escritos quizá ya ni me visites. Yo no pierdo la esperanza. A lo mejor alguien, quien sabe si de forma fortuita, acabe en este rincón de palabras olvidadas. Tanta esperanza y fe tengo que he decidido abrir un nuevo blog  ( aunque este se mantiene, si se le puede llamar mantener a esto que hago  ) donde, haciendo uso de la libertad que la cátedra me otorga, se hablará de mil cosas. Te espero también  pues, si así lo deseas, en: http://dicenlosestrategas.blogspot.com.es/ 
 Seguro que nos divertimos.  
Porque aunque tenga varios blogs, palabra sólo tengo una.



   Mientras me visitas ( aquí o allí )  recuerda lo que siempre decía mi abuela: ‘ No hagas caso a medios días habiendo días enteros’, así que procura no regalar tu tiempo a quien juega con tu ánimo. No entregues tus flores a animales que se alimentan de hierba ( verde o seca, tanto da ) porque les van a dar mal uso por más que te digan que las necesitan. Mejor las disfrutas tú. 

Hasta pronto. 

sábado, 9 de noviembre de 2013

"… Somos una especie. Somos polvo de estrellas cosechando su luz. Nuestras vidas, nuestro pasado y futuro están vinculados al Sol y la Luna y las estrellas…"

   Carl Sagan,  de la serie 'Cosmos' ( capítulo final )



Polvos de talco



   
   Alguien me dijo una vez que le gustaría poder abrir un paréntesis en el tiempo para vivir aventuras sin tener que pagar las consecuencias que estas le acarrearían. No es fácil hacerlo. Tampoco acostumbra a ser sensato. Más tarde o más temprano nuestros fantasmas resucitan, salen de sus armarios, de debajo de la alfombra donde los hemos escondido para que no molesten y se plantan en mitad de nuestra historia sin preocuparles si matan o aporrean. No es su culpa. Ellos sólo hacen lo que les enseñamos a hacer, atreviéndose quizá a dar vida a nuestros más íntimos e inconfesables deseos. No entienden de armarios, de cárceles, de olvidos. No quieren abandonarnos del todo, porque saben - y lo saben bien - que nosotros no queremos perderlos para siempre ¿Acaso saldríamos ganando algo? Los necesitamos para conservar la cordura. Para recordarnos que aun estamos vivos, cosa que a menudo olvidamos.
     Es durante la noche que me visitan los fantasmas, mis particulares espectros del presente, del pasado y quién sabe si también del futuro. Suelen ser visitas fugaces, efímeras , espaciadas en el tiempo sin tener predilección por una determinada época; pero siempre, siempre son visitas amables. Robamos así tiempo y espacio a la cotidiana monotonía. A la gris  sucesión de jornadas sin nada digno de recordar. Instalamos dentro de esos paréntesis las aventuras no vividas, las frases que quedaron en el tintero, las pequeñas infamias que no tienen cabida en el mundo de los formales. No cambio esos momentos por nada.
   A veces, algunas veces, la noche se alarga. La sutil membrana que separa realidad y ficción tiene disimulada una rendija que uno y otros aprovechamos para traspasar la frontera y devolvernos la visita; ahora en tu casa, otro día en la mía. Instalar un paréntesis en nuestro propio jardín, en nuestros dominios, entraña aparte del riesgo y las emociones asociadas al mismo, el añadido de jugar y el miedo de perder. Más riesgo al fin y al cabo . Se multiplican y reviven más los fantasmas a la par que uno mismo, en un festival de contradictorias emociones. Renovando los humores con el fin de purificarlos. Aun así el precio no es barato: duele. Cerrar un paréntesis, aun de forma temporal, es siempre triste pues cada encuentro lleva asociada una separación. Cada nueva amistad una nueva preocupación. Cada posibilidad de romance un nuevo dolor.
     Así es la vida de los mortales. Así es nuestra efímera y fugaz existencia. Siempre queriendo ganar sin arriesgar, sin dar nada a cambio. Imposible. Lo sabemos. Pero aun así lo seguimos intentando una y otra vez. Dejando cada vez más cicatrices dentro y fuera, queriendo creer que eso servirá de algo. Que dejaremos huella. A lo mejor. 
        Huella en el camino.  Camino de reyes. Camino de reinas y princesas. Camino de estrellas. Polvo del camino. Polvo de reyes. Polvo de reinas y princesas. Polvo de estrellas.
   Polvo de talco.
     
    
   Amigo lector, da igual de qué estás hecho, da igual de dónde vienes y a dónde vas. Siempre podrás llamar a mi puerta. Siempre podrás tener tu paréntesis. ¿Querrás?
    Yo estaré aquí esperando. Como siempre.

martes, 19 de marzo de 2013

  'Vivo en un camión sin ruedas
al lado de la carretera
a mil kilómetros de tí
Y allí donde se esconde el sol
donde se pierde mi voz
estoy seguro que te encontraré '


De 'Cielo del Sur'  - La Frontera

                             DEL ESPACIO, BREVE  E INFINITO                                                     


  Juntos coleccionaban latas de galletas. Primero llenas. Más tarde, consumidas ya, vacías. Las encontraban útiles a la par que decorativas.Tenían prohibido regalarse cactus pero a los dos les gustaban. Les atraía esa lentitud eterna de lo que siempre permanece sin necesidad de estar muerto. Las espinas les aterraban y a la vez les fascinaban, será por esa capacidad de una humilde e inmóvil criatura para defenderse y causar - a veces de forma injusta- dolor. También les gustaban las rosas.
   Ella reunía monedas de poco valor. Muchas. Iguales. Diminutas. Las apilaba en cualquier rincón. Las conocía y las mantenía en ordenado desorden. A veces, si juntaba muchas, las devolvía a la vida comprando alguna cosa para colocar en el hueco que ocuparon. Él atesoraba recuerdos. Miradas. Caricias. Olores. En alguna ocasión, tras mucho batallar, una imagen en forma de fotografía. Eternidad envasada en papel; souvenir para turistas. Siempre ocuparon un lugar destacado en su galería.
     Competían practicando las artes. Ninguno aventajaba demasiado al otro, no por falta de aptitudes; era pura camaradería, mero divertimento. ¿Qué valor tiene el arte sin alegría? Cambiaban el nombre a mil juegos ya inventados. Cualquier acto debía ser una fiesta; si no, era basura. Las discusiones un ritual, un preludio, otro juego más. Mezclando de forma contínua frío con calor; cielo e infierno.
    Ella tomaba café. No podía quitarle el sueño pues de normal no dormía. Él bebía cerveza o brandy. Su mente necesitaba adormecerse para no sufrir un empacho de realidad. Él le preparaba el café y se lo servía. Ella le vaciaba sus botellas a escondidas. Los dos pensaban que hacían un bien al otro.
    Ella le mostraba donde estaban las estrellas. Le enseñó sus nombres. Él nunca los aprendió, quería que ella estuviese siempre allí para recordárselos.  Las vieron caer en lluvia de agosto.
    Uno miraba al Norte en busca de libertad ansiada. Otro al Sur para encontrar la vida añorada. Sus miradas se cruzaron un instante. El mismo andén; dos trenes con direcciones opuestas.
    Él juega ajedrez. Ella juega a las damas. Los dos juegan al póquer.
    Él escribe cuentos. Ella tarjetas de cumpleaños. Los dos hacen crucigramas.
    Él pinta óleos. Ella hace pasteles. Los dos dibujan rosas y las adornan con acuarelas.


           Él sueña. Ella busca. Los dos esperan.


     Yo también. Te espero aquí. Recuérdalo.    


martes, 12 de marzo de 2013




'Apenas él le amalaba el noema, a ella se le agolpaba el clémiso y caían en hidromurias, en salvajes ambonios, en sustalos exasperantes.'

   Julio Cortázar -  Rayuela


De noche mágica, Supersónica.



     Las veces que he vuelto a verte ha sido casi siempre de noche. Al menos para mí. No quiero arriesgarme a que me descubras. Temo demasiado un final de los acostumbrados. No me queda otra que deslizarme entre tus muros - cualquier resquicio es válido - para observarte en tu devenir cotidiano. Un bostezo, ese arreglarse descuidadamente el pelo, tomar un libro de la estantería, sentarte en el sofá o preparar el omnipresente café. La más insignificante rutina representa un tesoro para añadir a mis escasos y difuminados recuerdos.

    Aliñan mis furtivas y esporádicas visitas el virtual -y no por ello menos real e intenso- temor a que me descubras. ¡ Qué seria de la vida sin el sabor del miedo en la garganta ! ¡ Del riesgo gratuito por amor a lo que no es ! Eso hace de mis in(ex)cursiones algo merecido de vivirse. Dando energía para aguantar del tirón unos cuantos días con la semi-sonrisa dibujada mirando a la galería. Quizá sepas de qué te hablo. 

   A veces fantaseo con la posibilidad de un reencuentro, casi siempre de manera fortuita. Cae dentro de lo posible. Conociéndonos a lo mejor era incluso pactado o provocado a la brava. Como sea sirve para el ejercicio con el que me distraigo cuando aprieta la falta. 
  Una sorpresa de venas abiertas, oxígeno agrio, contracciones y risa bañada en llanto. Vendría luego un estar en la luz a dos palmos, mirándolo todo como si fuera nuevo a pesar de que nunca hubo mañana. Inventados ya todos los presentes aparecería más temprano que tarde la mueca, precursora o consiguiente del recuerdo de adónde te dirigías.  Los vivos no nos acomodamos a los armarios. Pero cualquier excusa debería bastar si el objetivo es claro. El temido desenlace conduce sin margen de error a bizantinas y hertzianas discusiones que desembocan en el océano del silencio prolongado. Hasta que la rueda, cada vez más grande, complete otra vuelta.

   
    Y es por todo eso, porque nos conozco, por lo que todo queda en mera conjetura. Mis visitas - no sabría decirte si cada vez más espaciadas - tienen lugar en la impunidad que otorga la invisibilidad y la noche. Se conforma y se protege de esta guisa mi maltrecha maquinaria en espera del inevitable destino. Tiene - al menos así yo lo veo - una ventaja : ni tú ni yo envejecemos. 
     Nos conservamos bellos.


       En tu caso es una obligación.